*Si pudiera viajar en el tiempo y hablar con mi yo de hace 12 años, le daría un buen jalón de orejas. 🤦♀️ Me pasé años buscando la casa perfecta, dejando pasar oportunidades que hoy valdrían una fortuna. *
¿El resultado? Terminé comprando a la fuerza por la locura de las rentas en 2020. Si estás en esa búsqueda interminable, aquí van tres consejos para que no cometas mi mismo error. 🚀
El arrepentimiento inmobiliario: lo que me diría a mí misma hace 12 años
Hace 12 años llegué a Valladolid, un lugar que en ese entonces era un paraíso de oportunidades inmobiliarias. Comprar una casa colonial costaba alrededor de un millón de pesos (sí, lo que hoy apenas alcanza para un terreno).
Una casa en Campestre Pedregal salía en $860,000, y las hectáreas de terreno estaban tan baratas que daba risa.
Pero claro, tenía una pésima actitud y yo no compré nada.
Me pasé años buscando el unicornio de las casas: amplia, con un jardín enorme, luminosa, fresca, con un encanto que te hiciera suspirar.
Nada era suficientemente perfecto, así que dejé pasar el tiempo… 10 años para ser exacta.
Y cuando por fin me decidí, no fue porque encontré la casa de mis sueños, sino porque la crisis de las rentas me empujó a comprar en 2020, cuando el Tren Maya hizo que los precios se dispararan.
Hoy, con la perspectiva que da el tiempo (y un poco de dolor en el corazón por las oportunidades perdidas), si pudiera hablar con mi yo de hace 12 años, me daría estos tres consejos esenciales:
1. Compra algo para empezar
No importa si no es la casa perfecta. Todo en Valladolid ha subido de valor de manera absurda, y lo que en su momento parecía una compra cualquiera hoy vale 400% más.
Ese millón de pesos que me parecía una locura en 2011, hoy es una ganga que ya no existe.
2. Ten una lista más realista
Las casas perfectas no existen. Siempre falta algo: la luz no es suficiente, el jardín es más chico de lo que querías, la ubicación no es ideal… pero si esperas encontrarlo TODO, te quedas sin nada.
Lo aprendí tarde, pero lo aprendí.
3. Compra propiedades feas
Porque lo feo se quita.
Una mano de pintura, una remodelación sencilla, algunos cambios inteligentes, y listo.
Pero cuando los precios suben, ya no puedes hacer nada. Si hubiera comprado todas esas casas y terrenos que me parecieron “meh”, hoy tendría un portafolio inmobiliario increíble.
Si estás en la misma situación en la que yo estuve hace años, no cometas mi error. No esperes al unicornio, compra un potro y transfórmalo. Porque lo que hoy ves como “caro” o “imperfecto”, en unos años será una oportunidad perdida. 😉